lunes, 9 de enero de 2017

Debilidad.

Tú te cansaste de ser. Yo sola no te era suficiente. Necesitabas probar más.

Yo me cansé de llorar y de esperarte.

Y cuando tú te cansaste de ir de aquí para allá, regresaste de dónde nunca debiste marchar.

Y te encontraste con mil cerrojos y ni una sola llave para poder entrar.

Y en eso nos quedamos. Dos corazones vacíos, uno roto y otro partido. Se parecen pero no son igual.

A mí me dejaste echa polvo, sin ganas de ná. Tú te quedaste solo, con demasiados polvos pero ninguno de verdad (ninguno como los nuestros).

De qué te sirvió. Dime.
Romper lo más bonito que tuvimos. Saber que nadie me va a reemplazar. 

Que no te mereces que te siga escribiendo. Pero es que es de lo único que no me canso. De escribirte.