jueves, 14 de junio de 2012

Coraza fuerte, corazón débil.


Aún no me atrevo a decirte en voz alta que se acabó, y luego cualquier día verte por ahí con alguien que no sea yo y volver a derrumbarme. Pero no puedes hacerme esto. No puedes aparecer y desaparecer. Ahora es cuando estoy preparada para estar sin ti, para siempre.  Soy capaz de hacerme a la idea de que ya no vas a estar, y vivir con ello. He llorado hasta que me ha dolido el alma. Y ahora, ya me da igual, de verdad que me da igual. Pero lo que no quiero es tenerte un instante, aferrarme a él y que al día siguiente, ya no estés. Y al siguiente sigas sin estar, y al siguiente tampoco y al siguiente, tal vez, vuelva a tenerte. No me compensa, tú no me compensas. Si quieres quedarte, quédate, sabes que en el fondo es lo que más quiero; pero si no quieres estar, vete ya y hazlo rápido, que no quiero que me duela. Arráncate de golpe de mí, porque quiero que tu ausencia no me duela más que tu presencia. Quiero un contigo o un sin ti, pero no lo que hay en medio, no quiero tus restos ni tus pedazos ni las sobras de tu tiempo. ¿Sabes? Tenía miedo de que esto terminara pero he comprendido que dejar ir no significa darse por vencido, sino aceptar que hay cosas que simplemente no pueden ser. En nuestro caso, no pudo ser desde el principio. Empezamos como un juego de críos en el que el primero que se enamorara, perdía. Pero queda claro que arriesgar el corazón es lo que nos da vida y que ni yo sé jugar sin que haya sentimientos, ni tú puedes luchar por mí ni hablarme de una vida juntos. Ya sólo me queda el recuerdo de lo que tuvimos y la verdad es que me gusta pensar que todo pasa por algo, y que es verdad eso que dicen de que nada es casualidad. Y que si tu no eres para mí es porque alguno mejor que tú, vendrá.