viernes, 22 de abril de 2011

Odio como me hablas y también tu aspecto. No soporto que lleves mi coche ni que me mires así. Aborrezco esas botas que llevas y que leas mi pensamiento. Me repugna tanto lo que siento que hasta me salen las rimas. Odio que me mientas y que tengas razón, odio que alegres mi corazón, pero aún más que me hagas llorar. Odio no tenerte cerca y que no me hayas llamado. Pero sobre todo odio no poder odiarte porque no te odio ni siquiera un poco, nada en absoluto.Odio como me hablas y también tu aspecto. No soporto que lleves mi coche ni que me mires así. Aborrezco esas botas que llevas y que leas mi pensamiento. Me repugna tanto lo que siento que hasta me salen las rimas. Odio que me mientas y que tengas razón, odio que alegres mi corazón, pero aún más que me hagas llorar. Odio no tenerte cerca y que no me hayas llamado. Pero sobre todo odio no poder odiarte porque no te odio ni siquiera un poco, nada en absoluto.


Gracias por los que me habéis dejado regalos en vuestros blogs :*

lunes, 18 de abril de 2011

Sería más fácil decir las cosas que no sé hacer que las cosas en que soy buena. No cocino, haciendo la limpieza soy un desastre. Soy incapaz de mantener mis cosas en orden y lo pierdo todo. Me gusta la música, pero, cuando canto, desafino horrores. Soy muy torpe y no sé clavar un clavo. No poseo el menor sentido de la orientación y suelo confundir la derecha y la izquierda. Cuando me enfado, tengo tendencia a romper cosas. Platos, lápices, despertadores. Después me arrepiento, pero, en aquel momento, no puedo controlarme. No tengo ahorros. Me siento incómoda ante la gente sin razón alguna y apenas tengo amigos. Sin embargo, con el procesador de textos, sé escribir muy rápido sin mirar el teclado. No soy muy buena deportista, pero, excepto cuando tuve paperas, no he estado enferma en toda mi vida. Además, es extraño, pero en lo que se refiere a la puntualidad soy muy estricta y jamás llego tarde a ningún sitio. Con la comida no tengo manías. La televisión no la veo. A veces tengo algún arranque tonto de orgullo, pero no suelo justificarme a mí misma. Excepto una vez al mes que tengo los hombros tan agarrotados que no puedo dormir, concilio el sueño con facilidad. La regla la tengo poco abundante. Caries no tengo ni una. Y hablo bastante bien el español.

viernes, 15 de abril de 2011

ni contigo ni sin tí.

Siempre estamos igual. Me voy, entonces vienes tú, me dices dos tonterías, yo caigo y vuelta a empezar. Y al final siempre pasa lo mismo, yo termino echa añicos. Siempre es la misma historia, y te juro que no consigo comprenderlo. No entiendo como puedo caer una y otra vez sabiendo como vamos a terminar, por qué tengo tan poca fuerza de voluntad. Lo que sí sé, es que esto terminará cuando me dejes tranquila y de momento, no estás por la labor.

miércoles, 13 de abril de 2011

Te echo de menos

Lloré hasta sentir las lágrimas secarse en mis dedos. Lloré hasta respirar hondo y darme cuenta de que ya nadie me hacía bien. Lloré hasta entender que estaba sola y desprotegida. Lloré hasta sentirme completamente inútil. Lloré, porque comprendí que nada era capaz de hacerme sentir viva. Lloré porque sentí tu ausencia, esa que hasta hace unos meses nunca había sentido. Y fue así como me ví de nuevo en esta habitación tratando de recordarte, recogiendo los pedazos de tu boca, armando tu risa y sepultando otras voces, para poder entre ellas distinguir tus susurros; y sin querer entenderlo, cuando ninguna de las fichas encajaba, entendí que te había perdido. Lloré, porque sólo tenía viejos recuerdos, algunas imágenes borrosas de las que casi no distinguía tu lejana y triste mirada. Lloré hasta verte al lado mío, secando con tanto amor mis lágrimas, tratando de aliviar mí llanto. Lloré, porque de alguna manera me estaba resignando a seguir cada minuto y cada segundo sin tu compañía. Lloré porque nunca te diste cuenta de que todo lo que hacía era solamente por tí, porque nunca sentí que mi esfuerzo era suficiente para que te sintieras orgulloso de mí. Lloré, porque vivía cada día sin vivirlo, creyéndome feliz, convenciéndome de que todo lo que hacía estaba bien. Vivía sólo para entregarte miradas, mi energía, mi vida en un segundo y poder sonreír al saber que estarías siempre a mi lado. Y después de eso, volví a entender que cada cosa que hacía era inútil, que a nadie le importaba verdaderamente lo que hacía o dejaba de hacer. Y lloré, para descargar de una vez por todas, todo el dolor que me ocasionaba sentirme tan poca cosa, de pronto me había olvidado de cómo era sentirse orgullosa de una misma, lloré porque te extrañaba y no podía hacer nada para recuperarte. A pesar de mis intentos siempre hay algo que supera mis fuerzas y me derriba haciendo caer una y otra vez de la misma forma, en el mismo lugar, hiriendo mi dignidad. Al saber que te habías ido perdí todas las ganas de seguir; tal vez me acostumbre demasiado a tenerte cerca y a que me transmitieras cada día un poquito de tu filosofía, porque de cada día hacías una historia diferente. Antes de que llegaras no confiaba en nadie, ni siquiera en mí, y la verdad es que siempre supe que algún día te iba a perder, porque lo bueno nunca dura mucho (al menos para mí) y lloré como tantas otras veces, a escondidas, para no defraudarte. Lloré, porque te necesitaba más que nunca, más que siempre y la noche apenas comenzaba.

viernes, 8 de abril de 2011

Martina no tiene intermedios, conoce remedios para los destinos. Golpea siempre dos veces las puertas que encuentra por su camino. Martina prolonga su huída, no cree en las mentiras, no guarda rencores. Dentro de sus corazones hay hueco de sobra para un rato más. Martina te enseña sus guías, Martina te envía postales sin sello. Martina exporta su risa. Deja que la brisa se duerma en su pelo. Martina es un aguacero y bajo su abrazo no existen fisuras. Vigila bien las figuras que acechan su paso y juega a no ver. Martina regala sonrisas, se muestra de harina, sabe que es de acero. Baja peldaños del cielo y cogiendo tu mano te invita a subir. Martina es un espejismo. Martina, un abismo de lamentaciones. Martina no tiene razones. Martina es el sueño que evitas tener. Martina puede ser tu musa, Martina es la excusa para las locuras. Al pasar quema las dunas y deja al desierto descansar en paz. Martina es como heroína. Martina opina aunque no le pregunten. Martina cumple deseos, reinventa sus credos, se esconde en su cumbre. Martina no conoce dueño, camina sin freno, sin ley, ni rutina. Nacida en mi pensamiento, Martina es la parte pequeña de mí.

jueves, 7 de abril de 2011

*

¿Qué vas a hacer con otra en la cama? ¿Qué vas a hacer cuando me eches en falta? ¿Qué vas a hacer? Porque yo no lo sé...

lunes, 4 de abril de 2011

Antes de olvidarme de todo tendré que visitar de nuevo los lugares donde nos amamos, a ver si soy capaz de despedirme de mi. Quizá en un pequeño arrebato intente apurar lo poco que quede en esas botellas que dejamos dormidas en la mesa de aquel bar, antes de que agosto nos dijera nunca, antes de la estupidez de continuar juntos por el temor a vernos solos. Te recuerdo como una alegría ajena pero como un desierto propio. Y no me extraña echarnos de menos si fue entre mis piernas donde conseguiste convertir la cama en un barrio en fiesta. Pero no bastó con eso. Nuestros temores vinieron a decomisarnos las certezas, a llenarnos de sábanas limpias y malentendidos. No bastó con hacer el boca a boca a nuestro pasado, no pudimos volver a ser los de las fotos. Fue por eso que un día me explotó en la cara la palabra adiós. Me marcho. Me marcho de mi, me voy a ser otra.


(Adaptación mía de un texto de Marwan)

viernes, 1 de abril de 2011

Búscame en tus astrolabios.

Y a buenas horas has llegado, yo que ya casi… casi te había olvidado por completo. Ahora estoy aquí haciendo la inepta, y podría pasar de ti porque estaría mas contenta. Lo siento, tal vez en otra vida, tal vez en otras noches cuando tengas otros sueños diferentes… podemos intentar de nuevo el juego que nos a quedao pendiente o podemos olvidarnos para siempre.