lunes, 30 de agosto de 2010

Si yo, tú. Si caes, yo contigo y nos levantaremos juntos en esto unidos. Si me pierdo, encuéntrame. Si te pierdes, yo contigo, y juntos leeremos en las estrellas cuál es nuestro camino. Y si no existe, lo inventaremos. Si la distancia es el olvido, haré puentes con tus abrazos, pues lo que tú y yo hemos vivido no son cadenas... ni siquiera lazos: es el sueño de cualquier amigo es pintar un te quiero a trazos, y secarlo en nuestro regazo. Si yo, tú. Si dudo, me empujas. Si dudas, te entiendo. Si callo, escucha mi mirada. Si callas, leeré tus gestos. Si me necesitas, silba y construiré una escalera hecha de tus últimos besos, para robar a la luna una estrella y ponerla en tu mesilla para que te dé luz. Si yo, tú. Si tú, yo también. Si lloro, ríeme. Si ríes, lloraré, pues somos el equilibrio, dos mitades que forman un sueño. Si yo, tú. Si tú, conmigo. Y si te arrodillas haré que el mundo sea más bajo, a tu medida, pues a veces para seguir creciendo hay que agacharse. Si me dejas, mantendré viva la llama hasta que regreses, y sin preguntas, seguiremos caminando. Y sin condiciones, te seguiré perdonando. Si te duermes, seguiremos soñando que el tiempo no ha pasado, que el reloj se ha parado. Y si alguna vez la risa se te vuelve dura, se te secan las lágrimas y la ternura, estaré a tu lado, pues siempre te he querido, pues siempre te he cuidado. Pero jamás te cures de quererme, pues el amor es como Don Quijote: sólo recobra la cordura para morir. Quiéreme en mi locura, pues mi camisa de fuerza eres tú, y eso me calma, y eso me cura...

Si yo, tú.
Si tú, yo.
Sin ti, nada. Sin mí, si quieres, prueba.




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viernes, 13 de agosto de 2010

Le encantaba posar desnuda para él, se sentía más mujer, más deseada... y así era, Louis no podía resisrtirse a sus encantos, le volvía loco aquella adolescente, aquella mujercita de ojos claros que lo miraba con deseo a través de un objetivo. Sólo se veían tres veces por semana y cómo se palpaba en el aire las ganas que se tenían, aunque él nunca se lo había confesado. Jane lo seducía, se mordía el labio inferior y lo miraba con deseo, como pidiéndole a gritos que se la follara. Louis lo sabía muy bien y no entendía qué era lo que lo paraba, lo que no le dejaba abalanzarse sobre aquella muchacha y tirársela una y otra vez en el sofá donde ella lo observaba con inocencia. Pero sí sabía que ese control que le impedía acercársele iba a desaparecer si permanecían en el mismo cuarto cinco minutos más, así que decidió marcharse y dejar a medio la sesión fotográfica. Jane, que vió como empezaba a recoger sus bártulos de correprisas se acercó a él, iba desnuda y con el pelo suelto. No le dijo nada, simplemente se acerco a él y lo agarró de la mano mirándole a los ojos. Louis sabía que ella no quería que se fuera, pero no se atrevía a preguntarselo. Jane, al fin habló:
- ¿A dónde vas? Aún no hemos terminado.-
- Me tengo que ir, no quiero hacer algo de lo que después me pueda arrepentir.- Se le escapó en un susurro a Louis.
- Entonces déjame hacerlo a mí, yo no voy a arrepentirme de lo que llevo meses intentando que ocurra.- Se acercó con ternura a los labios de aquel hombre, cuyo aliento le embriagaba y le puso sus manos lentamente en su cintura. Él no pudo más y cayó rendido en sus brazos. En ese momento Louis entendió que todo lo demás pasaba de largo y ya no era importante.
Y entre susurros Jane dijo: Lo nuestro es algo gigante que detiene el tiempo, lo malo es que a veces eres incapaz de verlo.