miércoles, 31 de diciembre de 2008

Adiós 2008..

Me gusta la navidad, por aquello de que la gente por unos días se siente liberada, se sumerge en el vorágine del fin de año, y es hasta más amable, incluso aquellos que son siempre huraños o gruñones el resto del año. Pero la navidad es solo una temporada, luego vienen los días de un nuevo año que recibimos con entusiasmo, y por mucho optimismo imperante, la vida en realidad es dura para muchos siempre y en algún momento para todos, nos vamos dejando los intentos de año nuevo y seguimos llevando la vida con sus exigencias, grandezas y debilidades...





Otro año más que se va y otro nuevo que llega.
He dejado atrás un año lleno de sorpresas, un año plagado de alegría, pero también de tristeza, un año con altibajos, pero al fin y al cabo un año bueno.
Que paseis todos/as una buenísima noche y que empeceis con buen pie el 2009 :)

martes, 30 de diciembre de 2008

Quiero que sepas que me alejé de muchas cosas, que tengo muchos problemas no resueltos, que no quise herirte con la frialdad que te traté, que por las noches casi nunca puedo dormir cuando estoy triste, que me gusta reír mucho, que me encanta hablar contigo, que hay días que soy muy felíz, que siempre exagero mis ilusiones, pero que cuando no lo son lo doy todo. Que tengo ganas de abrazarte, que me arrepiento de no haberme despedido de tí la ultima oportunidad que tuve para verte, que es verdad que lo quise , que es verdad que salí con él, que aunque escribía cosas de amor, era el amor que me faltaba, no el que tenía. Que lo que hago es porque siempre hago lo que siento.Que vas a pensar que es momentáneo, que vas a esperar que se me pase, que tal vez se me pase si no te tengo. Que esta es mi forma de decirte que lo siento, que no tengo nada que esconder. Que no vas a entender nada y yo tampoco lo entiendo. Que son las vueltas de la vida. Que aunque haya pasado tanto tiempo quiero estar. Y si quiero estar es porque te quiero.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Y ahi está.
Tu móvil sonando.
UN MENSAJE RECIBIDO.
Y qué casualidad que es él.
ÉL TE HA MANDADO UN MENSAJE.
ACORDÁNDOSE DE TÍ.
PREOCUPÁNDOSE POR TÍ.
PREGUNTANDO POR TUS COSAS.
Y tú te olvidas de ese odio que sentias, y le respondes, y eres la persona mas feliz del mundo por esos pocos minutos. Y sabés por qué? Porque lo quieres. Porque no hay persona en el mundo que te haga sentir tan bien, hasta con un puto mensaje. Porque esa es la persona a la cuál quieres que se quede a tu lado por siempre. Porque darías todo por su sonrisa. Porque hiciste miles de cosas por llegar a estar con él. Porque te arrepentiste muchísimo de haber cometido aquel error que os hundió a los dos. Porque lloraste cada lágrima por su ausencia. Y porque eres esa cria ... Que lo quiere tanto, que lo perdonaría siempre. Cada cagada que cometa, por más que te rompa medio corazón y se lo lleve consigo, TÚ lo vas a seguir perdonando. Y todo por AMOR.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

·En realidad no me cansé de tí, me cansé de no poder tenerte, que es muy distinto.

Me cansé de mí, de mis pensamientos, me cansé de llorar para sentirme bien, me cansé de pensar que vendrán tiempos mejores, me canse de sonreír y decir Estoy bien. Me cansé de poner el mismo CD cada vez que pienso en tí, me cansé de tener que ser yo la que inicia la conversación, me cansé de preguntarte que te pasa, me cansé de tu indiferencia, de tu rechazo. Me cansé de caminar por las mismas calles; la misma gente; la misma rutina. Me cansé de mi ropa, de mis complejos, me cansé de llorar, de pensar, de sentir, me cansé de arruinar todo, de no iniciar nada. Sí, me canse de todo lo que me rodea, pero es cuando me canso de mí que empiezo todo de cero. Aprendí con el paso del tiempo a convivir con mi propio hartazgo, a remar contra mi rutina, a luchar contra mis miedos y a evitar los errores. Hoy puedo estar harta de mí misma, pero siempre te estaré observando. Porque aunque me canse de mí, aún no he encontrado la fórmula para cansarme de tí.

martes, 23 de diciembre de 2008

Recuerdos de una historia paralela

Era un domingo después de una comida familiar, habíamos celebrado el cumpleaños de mi abuelo. Yo sólo tenía seis años pero recuerdo ese momento como si fuera ayer, es el recuerdo que tengo más vivo de mi infancia. Tú leías el periódico en el sofá mientras yo revoloteaba por la casa pidiendo a gritos que alguien me prestara atención; me acerqué a tí y tú no levantaste la mirada...te tiré tiernamente de una manga y entonces me miraste y sonreíste.
-¿Qué pasa cariño?- me susurraste.
-¿Por qué no sales a la calle a jugar conmigo?
-Cuando termine de leer el periódico, princesa...

Me quedé unos segundos mirándote sorprendida...no estaba acostumbrada a que me dijeran que no...me fui corriendo al jardín y ahí me puse a llorar. Mis primos seguían jugando como si nada, pero yo quería que salieras tú...a mí no me gustaba jugar con los niños de mi edad, prefería quedarme sentada en la mesa a escuchar lo que decían los mayores...tú me transmitías seguridad, y más allá de los lazos familiares que nos unían sentía una complicidad contigo que no he sentido nunca con nadie más. Apareciste unos minutos más tarde, cuando yo estaba jugando con los barrotes de la barandilla, me cogiste por detrás y me levantaste entre carcajadas... Recuerdo pocas cosas sobre las otras veces que te vi de pequeña...pero sí que recuerdo los nervios del día anterior, las insistentes preguntas a mis padres...y las ansias de correr hacia a ti cuando te veía llegar... Te casaste cuando yo tenía catorce años.

Contra mi voluntad acudí a la ceremonia con un traje pantalón negro que se ajustaba perfectamente a mi repulsión adolescente por el color rosa y al luto que, de alguna forma, quería vivir ese día. Todavía no entendía lo que me pasaba, pero sabía que no me gustaba la idea de verte ahí uniendo tu vida a alguien totalmente ajeno a mí, alguien que hizo que yo dejara de ser tu niña favorita, alguien que me robó tu cariño. El banquete fue una pesadilla vestida de gala. Idas y venidas persistentemente seguidas de mi mirada, fotos en las mesas, bailes con parientes lejanos, y tú no estabas conmigo. Habías empezado una nueva vida y yo no podía hacer nada para cambiarlo...

Seis años después he vuelto a verte. Me miraste de reojo mientras le dabas dos besos a mi madre. Podía verlo en tus ojos, te sorprendiste al verme tan diferente. Con un palmo más de estatura, sin aparatos, con tacones y con los ojos pintados.

-Qué mayor estás...-dijiste en lo que pareció el suspiro. Yo te sonreí.
-Ha pasado mucho tiempo...-(demasiado), pensé.


Te brillaban los ojos...yo estaba a punto de estallar por dentro de la emoción...había vuelto a ser tu niña, lo sabía, no habia ni tiempo ni distancia que pudiera cambiarlo...

No sé cuando voy a volver a verte, ni si algún día se te ocurrirá llamarme, pero ten por seguro que no importa el tiempo que pase, ni las personas que pasen por mi vida. Hay referentes que nunca pueden borrarse y amores que no pueden derrumbarse ni con el mayor de los temblores. Y pase lo que pase, sé que tú siempre serás mi Lucas, y yo siempre seré tu Sara...

domingo, 21 de diciembre de 2008

Mantenía la cabeza bien alta, pero aún seguía observando los rastros de su propia tristeza. Se había marchado noviembre y con él, la posibilidad de volver atrás. Un nuevo mes que se había llevado consigo horas de trabajo, lágrimas, sueños, esperanzas pero nunca su recuerdo. Lo seguía sintiendo en el medio del pecho. Persiguiéndola día y noche. Acorralándola a cada hora. Acosándola con canciones, lugares y momentos que lo traían una y otra vez a sus sentimientos. Los días parecían semanas, las semanas meses, y los meses años. Sentía rechazo por las frases armadas que predicaban que el tiempo curaba todas las heridas. Para ella no existía cura. Sentía que lo había perdido todo y que su corazón se había desgarrado, convirtiéndolo en cenizas que se iban alejando con el viento de un nuevo invierno. Le regalaba las horas al tiempo, desperdiciándolas en encontrar un por qué y un cómo. No entendía como un amor tan grande, de un día para el otro se terminaría. Como esa historia, desaparecería. Esa noche volvió a ser como las últimas noches de su vida. Un café en la madrugada, un cigarrillo y la misma pregunta antes de decir hasta mañana ... ¿A dónde iban los sueños y las esperanzas cuando éstas ya no eran más compartidas? Se había quedado estancada en aquella primera noche, en aquellos primeros besos, de mucho tiempo atrás.

viernes, 19 de diciembre de 2008



Hay algunas cosas que a pesar de hacernos daño, o de doler, que a veces es lo mismo y a veces no, no queremos olvidar. Otras querríamos olvidarlas y están grabadas en la memoria, tatuadas con lágrimas en las mejillas, esculpidas en las arrugas de la frente. Yo no quiero olvidar que hay mañanas que amanecen mejor, ni quiero olvidar por qué. No quiero olvidar que hay ojos que no necesitan mirar para contar porque se adivinan en la distancia. No quiero olvidar que hay amores que matan y puños que atan. No quiero olvidar que el mundo lo construyo yo cada minuto, y si pierdo un minuto pierdo mi mundo. No quiero olvidar que la risa no siempre es más fácil que el llanto, pero tampoco siempre es más divertida. No quiero olvidar que estoy viva ni que mañana puedo no estarlo. No quiero olvidar que el amor existe, quequiero y que me quieren, y que a veces el amor duele tanto como el desamor, o incluso más. No quiero olvidar algunos besos, algunos lugares, algunos amaneceres, algunas personas. No quiero olvidar el olor de un bebé, ni una risa infantil, ni el primer adiós. No quiero olvidar. No quiero perder cosas. No quiero que con el paso de los años olvide como me sentía en mi cumpleaños cuando era niña. O la primera vez que ví el mar. O aquellos veranos en el pueblo con los abuelos. Aquellas tardes jugando en casa. Aquellos momentos, Aquellos años. Aquellos días. Aquella vida.

martes, 16 de diciembre de 2008

Sabía que los silencios no pueden calibrarse, un silencio es un silencio, no puede ser mayor o menor que otro; pero tenía la certeza de que aquel silencio era insuperable, era el mayor que nunca hubiera "escuchado" y estaba convencido de que nadie jamás podría encontrar alguno igual.Sus pisadas sobre las hojas caídas no sonaban, el viento soplaba con fuerza y agitaba las ramas de los árboles pero no se le oía silbar, a su izquierda veía las aguas de un río bajar impetuoso pero no emitía sonido alguno.Una tormenta silenciosa se presentó de repente. Los rayos se sucedían uno tras otro pero no escuchó trueno alguno. La lluvia era tan densa que apenas podía ver unos metros más allá, caía con fuerza, con furia ...pero silenciosa como si de nieve se tratara.En apenas unos minutos desapareció tan repentinamente como había surgido.Se sentía limpio, liviano, como si aquella tormenta se hubiera llevado todas sus cargas, sus preocupaciones, sus sinsabores, sus pesadillas ...El agua acumulada en las hojas de los árboles goteaba incesante sobre la hierba ya mojada. Aquella sensación de tranquilidad que la ausencia de sonidos transmitía le impidió darse cuenta que no podía oler la hierba mojada. Se encontraba en medio de un frondoso bosque, junto a un río que parecía acompañarle en su paseo y no escuchaba ningún tipo de sonido ni podía diferenciar ningún tipo de olor.Aquello le extrañaba pero en ningún momento le asustó, le provocaba una sensación de paz dificil de explicar.Notó como la niebla empezaba a aparecer. No caía, se levantaba desde el suelo. Hasta sus rodillas, hasta su cintura ... Algo le hizo levantar la mirada, unos metros más allá vio a su mujer y a su hija a quien llevaba en brazos. Le estaban buscando, lo notaba por sus gestos, suponía que gritaban su nombre pero no las podía oir. Notó que la densa niebla le llegaba ya a los hombros por lo que se acercó corriendo a ellas.La niebla le llegó a los ojos y le tapó por completo, como una sábana. Apenas podía ver nada pero sabía que su mujer estaba frente a él, la sentía, notaba su respiración ... intentó hablarle pero no salío sonido alguno de su boca. Alargó la mano hacia su cara y la tocó ... lloraba, notaba sus lágrimas mientras la acariciaba con ternura.Se llevó los dedos a la boca para saborear aquellas lágrimas ... eran amargas, lágrimas de tristeza.Por fin lo comprendió. Supo que aquel sabor intenso, cálido, iba a ser lo último que iba a experimentar.Esta vez fueron sus propias lágrimas las que llegaron a su boca ... eran dulces, lágrimas de alegría.

martes, 9 de diciembre de 2008

Twilight

-Y así es como el león se enamoró de la oveja

-"Te quiero más que a nada en el mundo. ¿No te basta eso?"
-"Si, es suficiente. Suficiente para siempre."




"Hay tres cosas de las que estoy segura: Primera, Edward es un vampiro. Segunda, una parte de él se muere por beber mi sangre. Tercera, estoy completa y perdidamente enamorada de él."




video






lunes, 1 de diciembre de 2008

Comencé a caminar despacio, apenas podía respirar. Quise girar mi cabeza, sólo para guardarme su último recuerdo, pero el orgullo pudo conmigo. Siempre igual. Algo dentro de mí quería gritar cuánto lo iba a extrañar, pero hice lo posible para callar mi voz. No quería atormentar aún más su sufrimiento, yo sabía que él me extrañaría más. Comencé a apresurarme entonces, temí que viniera tras mis pasos. Sé que nunca pudo entender que las despedidas son parte de los encuentros. Quise mirar la hora, pensé que los minutos no habían pasado. Y me dí cuenta que nunca uso reloj. El seguía allí parado, viéndome partir. Pude sentir su presencia, inmóvil a dos metros de mí. Seguí caminando, inerte. Cerré mis ojos por un instante, y un mundo de recuerdos pasó por mi mente. Su voz, su sonrisa, nuestros besos. Siempre supe que no sería eterno. Pero él no aceptaría el final. Proseguí mi camino como pude. Y después de un largo rato me di cuenta que había comenzado a lloviznar. Miré al cielo y deje caer algunas gotas sobre mi cara intentando limpiar mi mente de recuerdos. Algo posible sólo por unos segundos. Y pensé en voz alta, la frase que él siempre decía: Somos magia amor, un instante de ilusión que durará para siempre. Y no pude evitar sonreír. Ya había caminado lo suficiente. Había dejado de sentir su presencia. Había pasado el tiempo, anochecía. Hubiera vuelto corriendo a buscar un último beso, pero ya era tarde y nuestros caminos, opuestos. Y él ya no estaba allí. Había aceptado que no éramos eternos