martes, 5 de agosto de 2008

Observaba la noche detenidamente, como intentando perder un recuerdo de él, de su cuerpo y de su piel con cada parpadedo; intentando depositar cada momento a su lado en una estrella distinta para perder los recuerdos, aceptando el alto precio de ese adiós, porque así se despedía, para siempre, de su alma, del amor.
Se preguntaba en silencio ¿Qué será de la causa de estos ojos inundados de vacío, de esas marcas de desamor?
La cortina danzaba en la oscuridad de la habitación, imitando el movimiento de las olas del mar; envolviendo su mirada en una niebla de seda, regalandole al cielo un instante de luz.
Sus lágrimas caían destrozando el silencio tan delicadamente que, entonces, nadie lo noto, que nadie pudo oírlo.
Cerro los ojos pronfundamente. Una vez más. Intento respirar traquilamente. Falló. Se negó a seguir. No volvió a levantar la mirada. Suspiro. Habia bajado los brazos. Otra vez.
Estaba ebria de nada. Estaba loca de amor. La consumía la nostalgía. En silencio. Con cautela. Con dolor. La maltrataba la memoria, el recordar continuamente cómo él la había hecho sentir. La acobarda letalmente la resaca que le producía aquel último Te quiero. Estaba ebria de nada. Estaba loca de amor.
Suspiro. Sintió las sombras. Sus sombras. Sintió, palpó, la fidelidad que aún, después de tanto tiempo, después de tanta crueldad le profesaba a ese amor perdido y marchito, irrecuperable, pero que había sido real. (Para ella)
Con el dedo indice acaricio el vidrio que separaba sus ojos de la fotografía; sintió al niño abriendo las puertas de la habitación. Lo había estado esperando. Estaba lloviendo,; sabía que vendría. Las tormentas lo aterraban.
Espero encontrarlo, a los pocos segundos, sentado a su lado. Pero no fue así. Se acerco a la mujer y, como si ya estuviese acostumbrado a verla llorar, le pregunto:
- ¿Dónde queda la eternidad?
No dudó. Respondió al instante. Ella lo sabía. Sabía absolutamente todo lo que el necesitaba saber. Y se lo enseñaba poco a poco, y bien. Quería que fuese alguien mejor que ella, que no pudiese caer. Quería que fuese un hombre de hierro. No una persona de cristal, de esas que se rompen de dolor.
Dijo:
- Más allá de las estrellas, y debajo de toda la lluvia del mundo.
- ¿Es lejos?- Sí.
- ¿Es grande?- Es inmensa y eterna.
- ¿Por qué es eterna; de que está hecha la Eternidad?- De recuerdos, de corazones rotos por el extraño dolor que causa el morir lentamente de nostalgia por algo que jamás vivirás.


Jordán Panic, & El Miedo a la Oscuridad

5 comentarios:

Eris* dijo...

porque así se despedía, para siempre, de su alma, del amor.

Qué duro... :____
Esa frase, todo lo que dice el texto y el pensar que en la eternidad sólo hay dolor y recuerdos amargos...


Te quiero muchísimo hermanita

maRiina dijo...

el texto es precioso.
un besoo

voy con prisas lo siento!

muaaack!


maRiina

Amara dijo...

Por qué es eterna; de que está hecha la Eternidad?- De recuerdos, de corazones rotos por el extraño dolor que causa el morir lentamente de nostalgia por algo que jamás vivirás.

:___________

precioso :) un texto muy duro pero ala vez maravilosamnte maravilloso...

q pasada de blog q tenes enana


un besote

tequieromucho (L)

Marie Augustine Raymond. dijo...

ahora que leo el borrador del texto, me doy cuenta que le venia bien las modificaciones que le hice... pero bueno... dejo de leerlos para dejar de modificarlos. Digo lo mismo que en tu flog, si podes poner los creditos mejor. Besos :)

Sofy dijo...

me encanta como escribes, me encontre una foto firmada x este blog i me pase, 1 pasada verdaderamente.. de verdad.. como me encantan sara y lucas y sigo siendo una romantica soñadora.. tus palabras me encantan.. me pasare por aqui a menudo..
Besos!